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MENÚ DEL DÍA: CÓMO DEJARSE FLUIR

Ingredientes: Paciencia, confianza, relajación, perseverancia y fe.

Receta: Desde el coaching, así como desde las distintas corrientes terapeúticas y filosóficas, nos hablan constantemente de “dejarse fluir” y confiar en que las cosas van a llegar. Pero la realidad es que a mis clientes, este concepto les “rechina” bastante  y me preguntan: si, si, pero ¿cómo se hace esto cuando los problemas te resuenan constantemente en la cabeza?.

Pues bien, queridos amigos, este concepto esta unido al dejar de controlar todo lo que nos pasa en la vida.

Nos han enseñado a crear agendas, directrices, pautas que nos ayudan a organizar nuestro día y en ellas no dejamos nunca hueco a los imprevistos y a las cosas que no van a depender de nosotros.

Dejarse fluir va más de eso, de dejar de controlar cada cosa que nos ocurre y de planificar cada instante sin dejar nada a la magia, porque, solo así, fluyendo, ocurrirá todo aquello que tanto anhelamos.

En concepto del tiempo ha cambiado mucho en muy poco tiempo y ya nada se puede medir con la exactitud que lo hacíamos antes.

Las cosas están echas más bien para no durar y todo lo que nos rodea tiene fecha de caducidad, desde las relaciones personales hasta el nuevo ordenador que acabamos de comprar.

Es por ello que, por mucho que queramos, muchas cosas se van a escapar a nuestro control y cuando menos lo esperemos, se resolverán conflictos de un pasado que quedaron sin solucionar.

Cada vez estoy más convencida que simplemente con paciencia, perseverancia y fe de que nunca el destino deja nada sin darnos una explicación, desde esa filosofía de vida, podremos conseguir todo lo que nos propongamos.

Simplemente deséalo desde el fondeo de tu corazón y suéltalo y déjalo marchar y verás que, a su debido tiempo, la solución a tu preocupación actual, vendrá a ti de una forma mágica.

Solo tienes que “dejarte fluir”

 

26

08 2012

Menú del día: Cómo aprender a apreciar los pequeños instantes

Ingredientes: Respirar profundamente, vivir el momento presente, disfrutar de las pequeñas cosas, ser consciente de cada instante.

Receta: Ayer tuve el privilegio de ir a Biarritz con mi amigo y mentor Javier Tejerina a pasar el día, disfrutando de una preciosa jornada más de mis merecidas y cortas vacaciones en mi País Vasco natal y en el coche y desde el instante en el que nos encontramos a las 10,30h de la mañana, fuimos absorbiendo cada segundo del día, la buena conversación, que hace que casi nos interrumpamos el uno al otro de todas las cosas que tenemos para contarnos, el cambio de paisaje nada más cruzar la frontera a Francia, los olores de cada pueblecito de la ruta, Hendaya, Bayona…, cada minuto del viaje que hace que nuestro día sea maravilloso.

Así que al llegar a Biarritz, uno de los lugares más bellos que conozco por su arquitectura regular y grandiosa, sus larguísimas playas y ese olor a mar que inunda los sentidos, el alma se me llenó de alegría, por ser tan afortunada de poder disfrutar de cada instante de una jornada tan “diferente”.

Y realmente no hicimos nada más que pasear por las calles de la villa francesa, disfrutar de sus majestuosas construcciones, sus hoteles y casinos, los cuales investigamos una vez más por dentro y por fuera, sus espectaculares escaparates, decorados con la elegancia con la que los franceses saben hacerlo y perdernos en sus vetustas librerías, donde somos adictos en la búsqueda de “novedades” para nuestro intelecto y donde, siempre, sorprendentemente, encontramos alguna novedad para ofrecer a nuestros clientes y amigos, en nuestras tardes de tertulia y juegos de desarrollo del potencial humano.

Y todo ello me hizo reflexionar sobre la capacidad que podemos tener las personas de disfrutar de las pequeñas cosas, las confiterías que muestran sus deliciosas golosinas, observar a la gente que pasea en una tarde semilluviosa, con nuestro conocido “txirimiri”, esa pequeña lluvia que te cala hasta el alma, pero que refresca también el ambiente y la mente humana, las sensaciones a flor de piel, el placer de disfrutar de un día en el que dejamos la rutina de nuestras jornadas laborales para disfrutar de los que queremos y de nosotros mismos.

Por ello recordé la importancia de “regalarse” un día de vez en cuando para investigar sobre nosotros mismos, para observarnos y recordarnos la pequeñas cosas que nos hacen felices y nos llenan el corazón de alegría.

Disfrutar de cada instante de este domingo que está comenzando, porque queridos amigos, eso es la felicidad, pequeños instantes de placer que nos abren las puertas del alma. No esperéis grandes cambios en vuestras vidas, empezar por el disfrute de los pequeños detalles, por respirar profundamente cada instante y guardar en vuestro recuerdo el placer que se siente, cuando nos sentimos a gusto con nosotros mismos.

Mañana volveremos a la rutina diaria y será necesario aprender a vivir también cada instante de nuestras jornadas laborales, pero mientras tanto disfrutamos de los días de descanso.

 

08

04 2012