Menú:Cómo reconocer cuando se baila sóla

Ingredientes: Mirar dentro de uno mismo, escuchar lo que opinan los demás, la autodependencia, la soledad, las malas compañias.

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Hoy os voy a contar un cuento que hace poco tiempo presencié en mi despacho y que a modo de metáfora lo llamaríamos “La princesa que bailaba sola”. Lean….

LA PRINCESA QUE BAILABA SOLA

Cuando una mañana al despertar te miras al espejo y ves que en él hay una mujer madura de 40 años  y que la princesa que fue ya no se reconoce en él , haces una retrospección al pasado entre las arrugas que comienzan a asomarse al otro lado del cristal y en ese momento muchas son las cosas que ves reflejadas y muchas las preguntas que te haces a ti misma. En ese instante traes a tu memoria recuerdos inolvidables de tu vida, momentos mágicos y otros que no lo son tanto y sin querer haces un repaso de ella para poder seguir caminando.

Así me ocurrió al cumplir dicha edad y de repente me ví en frente de Mario, un gran amigo de mi juventud y  porque no decirlo, mi gran amor de aquella década, interrogándole casi en un susurro, mirando sus también marchitos pero aún radiantes ojos azules y esbozando aquella pregunta:

-¿Cuál es la razón por la que lo nuestro no salió hacia bien?.

-Sofía han pasado casi 12 años desde que nos conocimos, ¿A qué viene esa pregunta ahora?, contestó Mario mientras sorbía tranquilamente su taza de café.

. Me refiero a…. ¿cuál fue la razón por la que nunca salimos juntos?.

-Y ¿quién te dice que nunca salimos juntos?.

-Bueno ya me entiendes Mario, nunca fuimos novios formales, nunca hicimos visible nuestra relación y siempre fue todo……..a escondidas.

En ese momento note como Mario modificó su postura corporal,  volvió a coger la taza, bebió nuevamente  de ella y articuló una frase que jamás olvidaré.

-       ¿Realmente lo quieres saber?.

-       Si, por favor

-       Nunca llegamos a más porque tú bailabas sola  y cuando la más bella de la fiesta, calzada con sus hermosos zapatos y su majestuoso vestido baila sola, ¿quién se atreve a acercarse a ella e interrumpir su baile? .

Y sin apartar sus preciosos ojos azules de mi mirada esbozó una sonrisa.

– Eras tan angelical, sentía tal atracción por ti que no podía dejar de intentar acompañarte en tus movimientos , pero cada vez que me acercaba a ti, tú te girabas y seguías danzando.

-       ¡No entiendo a que te refieres Mario!. ¿Yo no te gustaba lo suficiente para bailar conmigo?.

-       No dulce princesa todo lo contrario, tenías tanta energía, tanta magia que me dabas miedo. A veces te veía segura de nuestro amor, pero otras me daba la sensación de que te debía dejar volar porque yo no me sentía preparado para poder llevarte en ese baile.

-       Pero yo te amaba, estaba totalmente enamorada de ti, cuando te conocí dejé a mi novio de la facultad, me enganché a ti, sentía que éramos uno, ¿cómo pudo ser que no sintiéramos lo mismo?. ¿no te gustaba lo suficiente, tal vez no te atraía?. He de reconocer que nuestras únicas dos experiencias sexuales no fueron buenas, pero tal vez fue porque yo no estaba segura de tu amor, ¿fue por eso que no me amaste, fue por sexo?.

-       Querida princesa, como no me ibas a gustar, te repito que la atracción que sentí hacia ti era enorme pero……, después todo pasó.

-       Perdona Mario, se que tanto tiempo transcurrido, tal vez para ti todo esto no tenga sentido, pero yo necesito saber porque a día de hoy seguimos tomando café juntos, porqué seguimos manteniendo confidencias de nuestras vidas, porqué a veces te siento tan cerca, pero estás tan lejos.

-       Amada niña, seguiré con mi metáfora, pero por favor intenta entender. Yo quería bailar contigo, llevarte de la mano, porque los hombres necesitamos marcar el ritmo en el baile y sino marcarlo, por lo menos, sentir que podemos llevar a nuestras parejas, pero tú eras diferente, por primera vez me encontré con una mujer que llevaba la danza, no se dejaba sostener y además me hacía sentirme rechazado. Tal vez cometimos el error de acostarnos juntos antes de haberlo tenido que hacer, pues tú no estabas preparada y tu rigidez fue brutal, no lo niego, pero no era sexo sólo lo que yo buscaba en ti, aunque no negaré que eso me echó todavía más para atrás.

Te sentí distante, fría y aunque en ocasiones, notaba que querías bailar una lenta bien agarraditos, enseguida marcabas un rock y te separabas de mi.

Y así fue como poco a poco me fui alejando de ti, hasta que el momento pasó y la música dejó de sonar.

-       Pero, ¿yo te amaba de verdad Mario y todo mi ser así lo expresaba?.

-       Pero yo tuve miedo Sofía, no sabía como zapatear, mis miedos me impedían ver más allá y no estaba preparado. Ahora soy otro bailarín y en este tiempo he dado muchas clases de salsa, cha,cha,cha…., si sonara la música, tal vez te podría llevar mejor.

Y fue entonces cuando entendí lo que Mario quería decirme y acepté la realidad de mis fracasos amorosos, yo siempre había bailado sóla porque tenía demasiada energía, fuerza y ganas de vivir  y mis propios miedos no me dejaban bailar en compañía, pero ahora las cosas eran diferentes y yo también había cambiado mucho, había madurado y por vez primera me veía totalmente convencida de mantener una relación seria y estable, y en ese momento entendí porqué mi vida amorosa había sido un fracaso. fue entonces cuando, me levanté, sonreí y articulé una pregunta que casi salió sin pensar de mi boca.

-       Entiendo lo que dices Mario, pero ahora necesito que me contestes una última pregunta ¿sabes bailar tango?.

-       ¿Perdona a que te refieres?.

-       ¿Qué si te has convertido en un buen maestro del tango?, porque querid amigo de tanto bailar sola he aprendido que sólo podré bailar con el mejor maestro de tango que exista sobre la tierra, alguien que sepa realmente cada paso, cada moviendo, alguien que sienta cada abrazo, que baile al ritmo de mi corazón, ¿eres tú querido amigo el tanguero de mi alma ó sigues teniendo miedo a que te pise?.

-       El me miró aturdido y exclamó:

-       Por lo visto no me he aprendido bien todos los pasos, pues por lo que parece sigues llevando tú el ritmo sóla.

En ese momento me levanté, acaricié su cara y le musité al oído, querido Mario algún día tendrás que probar si has aprendido a bailar y no lo dudes, yo lo hago muy bien sóla, pero estoy convencida de que en algún lugar del mundo habrá algún bailarín que se pondrá los zapatos de charol bien ajustados y, no sólo seguirá mi ritmo, sino que lo marcará él, ¿sabes donde puede estar ese experto del amor? .

Mientras tanto seguiré danzando sóla y escuchando el Liber Tango del maestro Piazzola.

Acerca del autor

Beatriz Vilas Garro

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05

06 2010

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